Nacionalidad para sefardíes. Mala conciencia histórica

Como todo el mundo sabe, la comunidad judía sefardí incluye a los descendientes de todos los judíos que vivían en los reinos de Castilla y Aragón hasta 1492, y en el reino de Navarra en 1498. Esas comunidades fueron vehemente invitadas por el embrión de lo que luego fue el territorio español (en aquel momento comandado por una monarquía hereditaria, hay que ver lo tradicionales que seguimos siendo) a la conversión forzosa a la fe cristiana. La mayoría optaron por dejarse expulsar de Sefarad, que es como el hebreo denomina a la actual España, concepto de nación que en 1492 no existía y es dudoso que esté claro en 2015.

Debido a esta cruel decisión de marcado tinte intolerante (que el BOE tiene la poca vergüenza de calificar como “imperativo de la historia”), los judíos que estaban asentados hace más de 520 años en la península ibérica acabaron disgregados en varias comunidades, sobre todo en el norte de África, en los Balcanes y en el Imperio Otomano.

Aunque no es a la única comunidad de sus propios nacionales a la que el Estado español le ha hecho la puñeta a lo largo de los siglos por motivos de conciencia -ni será la última-, los sefardíes tienen la peculiaridad de haber distinguido durante generaciones el agravio del Estado que los maltrató cruelmente  como ciudadanos, del lugar y la cultura de la que eran parte. Y han cultivado con paciencia una morriña de siglos, hablando ladino y guardando la llave de una puerta durante 5 siglos, de generación en generación

Ojo, que los españoles somos tan majos y poco rencorosos que la primera acepción de ladino es la de pérfido y taimado, no la de variedad del idioma. Por obvia extensión,  nuestra cultura popular ha considerado durante años al colectivo de judíos españoles expulsados  como gente de poco fiar. Eso sí, en las llaves que se quedaron en España de los sefardíes  parece que estaban las de las puertas del Ministerio del Tiempo.

Como reconocimiento al tesón en el mantenimiento del vínculo histórico, los sefardíes han tenido bonificado el acceso a la nacionalidad española por residencia. Dos años de residencia legal son suficientes para que un sefardí pueda solicitarla, el mismo tiempo que se le pide a un hispanoamericano, andorrano o portugués. El próximo 1 de octubre, esa necesidad de residencia va a cambiar y los sefardíes tendrán un procedimiento especial para acceder a la nacionalidad por carta de naturaleza.

Y ese procedimiento especial, una auténtica curiosidad histórica que marca varios hitos,  es el escogido para esbozar el procedimiento telemático futuro para el trámite de nacionalidad. Y para  la imposición de tasas en un procedimiento hasta ahora gratuito: 100 euros; que no deja de ser irónico que justo a un colectivo que carga con la despectiva marca histórica de usureros y ricos sean los primeros a los que les cobramos por la nacionalidad. Y serán los primeros a los que les tengamos expresamente en cuenta la realización de “actividades benéficas, culturales o económicas a favor de personas o instituciones españolas o en territorio español”, o sea, invertir dinero en España. No tenemos remedio.

Al desglose detallado de este curioso procedimiento, que sin duda va a marcar tendencia, dedicaremos el espacio de nuestra próxima semana.

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SIGA

Sonia Canay. Gestora administrativa
Departamento Jurídico de SIGA
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