Mujeres, integración, idioma, nacionalidad

Cameron amaga con expulsar a mujeres musulmanas que no hablen inglésEstos días es noticia la medida anunciada por David Cameron de exigir a las mujeres musulmanas que demuestren tener un cierto nivel de inglés si quieren permanecer en el país a medio plazo. La exigencia va unida a la implantación de cursos de inglés a cargo del estado. A salvo de la distancia que resulte haber entre la medida real y lo que prensa resume de la misma, son llamativos algunos  puntos:

  • Que sea una presunta exigencia de integración unida a un factor religioso. Una mujer católica o budista se puede integrar en UK sin hablar inglés, una musulmana no.
  • Que se vincule la capacidad de hablar inglés con la de evitar que sus hijos sean captados por bandas de asesinos mal camuflados bajo el manto del fanatismo religioso. Lo curioso es que los hijos sí hablan inglés, y eso no les limita sus instintos asesinos.

El hecho cierto es que resultan comunes entre los musulmanes  matrimonios concertados en los que la mujer llega a UK reagrupada por su marido. Y no establece relaciones fuera del círculo reducido de sus compatriotas, siempre bajo la supervisión de su marido. No le hace falta saber inglés, vive en su propio gueto familiar. En muchos casos es analfabeta o tiene conocimientos muy rudimentarios de lectoescritura. Es objetivo claro de discriminación y víctima fácil de cualquier abuso familiar.  El primer ministro Cameron parece tener claro que incentivar a su familia para que la deje salir de casa y abrirse al mundo que la rodea pasa por amenazarlos con la expulsión. Ojo que la limitación de la libertad de la mujer para relacionarse, el aislamiento, no es exclusivo de los musulmanes.

En España no hay medidas semejantes, por ahora, en lo que se refiere a la residencia. En las solicitudes de nacionalidad que se tramiten en este 2016, sin embargo, se exige, para los mayores de edad que tengan su origen en países que no sean de habla hispana,  pasar un par de exámenes del Instituto Cervantes. Uno de “adaptación al país” y otro de idioma. Se pide superar un nivel A2, el más alto del nivel básico.

Convengamos en que hay muchos de españoles que no hablan castellano. Y muchos más que lo hablan precariamente.  Todos los deportistas nacionalizados en aras de obtener resultados gracias a la cantera y la inversión de otros, cónyuges de españoles que jamás han usado la lengua de Cervantes con su pareja, hijos de españoles que han pasado toda su vida fuera y que se han desconectado del idioma patrio… sin contar con los ciudadanos (en general ya muy mayores) españoles  desde hace generaciones, de esos que se remontan a los tiempos de Don Pelayo, que hablan casi siempre su otra lengua peninsular oficial (gallego, catalán, vasco…) y que tienen dificultades para expresarse correctamente  en la común, o que, simplemente,  leen y/o  escriben en precario. Y es que la nacionalidad por residencia requiere un esfuerzo muy superior a la de origen. De origen uno es español/a porque su padre/madre lo es y ya está. No es necesario siquiera que sepa situar al país en un mapa.  Y la nacionalidad por carta de naturaleza también tiene otro enfoque, los servicios prestados o que se va a prestar al país, servicios que lo mismo no requieren para nada poder escribir epístolas o expresarse con corrección gramatical.

Es obvio que la exigencia del examen de idioma hará menos accesible la nacionalidad española a los ciudadanos procedentes de países no hispanohablantes. Que lo mismo es un objetivo de la política interior. Y de entre ellos, hará menos accesible la nacionalidad a las mujeres, que son las que arrastran de origen una deficiencia formativa que las pone en el analfabetismo funcional en muchas ocasiones, además de limitar sus movimientos fuera del círculo familiar. Apenas alfabetizadas en su idioma, difícilmente lo estarán en castellano. Y la exigencia del examen se convertirá en una suerte de discriminación indirecta, contra la que antes o después se acudirá a la vía judicial. Y resulta ser, efectivamente, una barrera para la integración. Lo mismo tenemos que ir pensando en incentivarlas para que se familiaricen con el idioma y se integren. O quizá no conviene invertir en ello.

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SIGA

Sonia Canay. Gestora administrativa
Departamento Jurídico de SIGA
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