Fronteras que hieren, literalmente

Nuestro país  tiene muy pocas fronteras terrestres operativas desde nuestro ingreso en la UE.  De hecho quedan cuatro: Ceuta, Melilla, la Línea de la Concepción y la Seu de Urgell.  No es tema de este blog denostar o glorificar la unidad territorial de España, aunque debo decir que siempre me he preguntado por qué Gibraltar es un problema para esa integridad territorial y Andorra no; o por qué los argumentos que sirven para reclamar Gibraltar se revierten cuando se trata de que Ceuta y Melilla se integren en Marruecos.

Melilla y Ceuta, a pesar de que en nuestra memoria recitativa van juntas, distan muchos kilómetros por carretera. Unos 500 kilómetros de carreteras a través de Marruecos. Ambas son puestos fronterizos separados de Marruecos por una zona neutral establecida por el Tratado de Tetuán (1860). Además de esa zona neutral, los 8 kilómetros de linde fronteriza de Ceuta y los 11 kilómetros de linde fronteriza de Melilla están recorridos por una valla doble de más de cinco metros de altura, valla que forma parte de una estrategia denominada “impermeabilización de fronteras”. A pesar del nombre las vallas no son de GORETEX©, son de acero galvanizado y las patrulla la Guardia Civil (a veces también el ejército), tienen cámaras de seguridad y dispositivos antikamikaze, en algunos puntos poseen malla para entorpecer la escalada y, desde hace unos días, también en lugares escogidos,  concertinas, pero no en su versión acordeón, sino en su versión cuchillas.

Los inmigrantes que recorren  África en condiciones muy duras para llegar a Europa tienen como opción cruzar el Mediterráneo en una barca hinchable de juguete o intentar saltar esas vallas. Cualquiera de esas opciones es ilegal, están cometiendo un ilícito administrativo al entrar de forma irregular y pueden cometer una infracción penal si se resisten a la autoridad.

Claro está que no les vamos a dejar que las crucen. Tampoco vamos a hacer nada para que empleen sus energías y su esfuerzo en quedarse en sus lugares de origen. Y en sus lugares de origen nuestra crisis les sigue pareciendo abundancia, y la presión de su desesperación sirve para que algún sofista nos diga que nos quejamos de vicio. Las vallas son la constatación física de lo mucho que le queda por hacer a la humanidad para dejar de ser una masa  y pasar a ser un concepto.

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Sonia Canay. Abogada. Departamento Jurídico de SIGA
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