El inexplicable criterio de denegación de visados

Agbeko Ocloo es un cirujano ortopédico en Ghana, porque en África, con un índice alto de pobreza y subdesarrollo, también hay médicos y universidades. Hay personas que viven allí con mediano decoro; es un continente grande con una realidad rica en matices.

En el continente europeo no todo son bondades, por si alguien lo ha olvidado. Sin ir más lejos hay una guerra soterrada en Ucrania (y la única institución que toma medidas es la FIFA), y se estima que uno de cuatro niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza.

El Dr. Ocloo pretendía acudir a un congreso médico que se celebraba durante 3 días de abril, en Barcelona. Los ciudadanos de Ghana no pueden entrar en España ni como turistas si carecen de visado, por lo que tuvo que tramitar uno.

Ya había participado en eventos similares en Alemania, Suiza, Noruega, Japón, Sudáfrica, Estados Unidos y Canadá, y en todos esos países consideraron normal que un médico fuese a un congreso, con lo que presentó la documentación habitual para estos casos. Este tipo de eventos suele ser considerado relevante para el país que lo organiza, puesto que se posiciona en el mercado de eventos de este tipo y de paso recibe visitantes que aportan su conocimiento, hacen relaciones y negocios, se dejan un dinero en la hostelería y en  la compra de material especializado. Es el llamado turismo de congresos, por el que las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos tienen una pugna encarnizada.

El Dr. Ocloo tenía la intención de aportar un par de presentaciones al evento. Contaba con una carta de presentación de un prestigioso cirujano español, con el que había coincidido durante su común formación en Estados Unidos, carta en la que nuestro cirujano explicaba el interés del congreso en general y de la participación de su colega ghanés en particular.

España, sin embargo, no consideró que este doctor hubiese probado -fuera de toda duda- que su intención fuese volver a su país y consideró un congreso médico como una refinada patera que el Dr. Ocloo, conspirando con otros médicos de todo el mundo, fletaba con el objetivo de alcanzar el paraíso español y quedarse.

Y es que lo que el doctor no sabía es que España tiene tendencia a denegar visados de estancia de corta duración si no tiene la absoluta certeza de que quien llega a España va después a regresar a su país de origen. En el fondo España, con esa regulación, reconoce que es completamente incapaz de organizar un sistema que garantice y supervise que las personas que entran con un compromiso de salida lo cumplan. Sabiendo que, una vez aterrizados en España, el descontrol está garantizado hemos optado por ponernos duros con los visados. Y esa incompetencia en el control complica la buena marcha de la economía. Cuantas más trabas a los profesionales para hacer cosas –grandes y pequeñas, que todo cuenta- con el exterior, menos competitivos somos.

Agbeko Ocloo está indignado. Y con razón. Está indignado porque el recurso judicial posible a la denegación es inviable, por lento, lejano y farragoso, ya que tendría que personarse ante la Audiencia Nacional, que en ningún caso llegaría a tiempo para resolver.

Está indignado porque España le está tratando con paternalismo, colonialismo y soberbia, como si  todo profesional africano estuviese desesperado por ejercer en nuestro país, cuando es bien sabido que no es un destino apetecible para médicos altamente especializados (como es su caso). De hecho España (Europa) tiene permisos de trabajo y residencia de tramitación rápida precisamente para profesionales de la Medicina. Si quisiese venir a ejercer en España, no necesitaría ocultar sus intenciones bajo el paraguas de un congreso científico implicando a un colega. Por eso,  ha publicado en su Facebook una carta que merece la pena leer.

No nos movemos los europeos de nuestra posición centrípeta, que se refleja incluso en el mapamundi. Aún teniendo en cuenta que la proyección del mapamundi de Mercator  estaba orientada a la navegación, y reconociendo que la proyección cilíndrica de una esfera en un plano siempre conlleva dificultades, la variante de Gall-Peters es bien diferente. Manteniendo la equidistancia, nos queda la proyección de Winkel-Tripel. En dos de las tres posibilidades, Europa no es ni remotamente el centro. Y más nos vale que lo vayamos asumiendo.

Menos mal que no nos ha tocado organizar unas Olimpiadas. Lástima el dinero que hemos invertido en los sucesivos fracasos (que lo hemos invertido todos, no solo Madrid). Con los criterios utilizados para el doctor Ocloo, la mitad de los participantes no hubieran podido venir.

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SIGA

Sonia Canay. Departamento Jurídico de SIGA
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